WOPascalli

Cuentos del cirujano maniatico y antojado que habla de política, cine, sexo, arte, amor, musica… y más sexo

Crónicas del Mal Servicio en un País Bananero

Como ya asumimos, cohabitamos en un país anárquico y hostil, pero al mismo tiempo jactancioso, en donde presumimos una supuesta “hospitalidad y calidez” que realmente no existe; o por lo menos no existe en la inmensa mayoría de las personas que se dedican a trabajar con el público, y de eso pretendo hablar hoy; del mal servicio en Venezuela.

Todos hemos sido víctimas de algún empleado que amaneció de mal humor y lo paga en el sitio en donde se le paga por atender bien; todos hemos salido con el vaso de refresco con más hielo del que pedimos, a todos nos han contestado un “si no te gusta puedes ir a otro local”; a todos, en algún momento; una operadora telefónica que a duras penas sabe qué hacer con su vida, se ha descargado con nosotros.

En el abanico de episodios del mal servicio en Venezuela, hay cientos de opciones, y esto no es exclusivo de locales de determinado poder adquisitivo; la falta de respeto y la anarquía va desde el local más pobre; hasta el sitio más costoso de la ciudad desde donde estés.

Se te agradece sencillo, rey.

Frase recurrente; sean las ocho de la mañana o las cuatro de la tarde; somos un país en donde la inflación nos come hasta las arterias, y en donde el billete de más alta denominación apenas costea el precio de un billete verde; pero necesitan sencillo; porque si no tienes sencillo, te dan el vuelto mocho,  porque el deber de uno el cliente (el mal llamo “rey”, o “padre”) es cargar una bolsita de monedas de 0,25 para que la cajera no tenga que hacer el arduo esfuerzo de buscarte el cambio justo que te corresponde.

¿Qué quieres?

Me sucedió durante un tiempo en cierta pastelería en donde venden los mejores profiteroles de Caracas, o por lo menos uno de los mejores, y es que apenas uno se para en el mostrador, te atiende una de esas Yuleixys con dos golpecitos a la barra como para que “le pares” seguido de un “¿qué quieres?” al principio lo dejaba pasar producto del apuro; hasta que comenzó a parecerme desagradable que la coñito de madre aquella, con toda su mala educación y desgano por trabajar (como si eso fuese asunto de uno) me tratara como si me estuviese haciendo un favor, hasta que un día, que ella me salió con su tan peculiar “¿qué quieres?” y le respondí; “a ti te aseguro que no es, además deberías aprender a dirigirte a la gente que no estás ni en tu casa ni con tus panitas de la vereda”, afortunadamente había bastante gente, y después de haberla hecho pasar esa pena, enmendó su manera de dirigirse al cliente, que a fin de cuentas, sea quien sea, es quien tiene y siempre tendrá la razón.

Lo siento, ya lo serví

Me sucedió en Cinex; pido dos combos de cotufas y refrescos para mí y mi acompañante, y antes de pedir el refresco especifico: “Una CocaCola con poco hielo”, y lo que recibo es una Colita con hielo hasta el culo, cuando le hago el debido reclamo al Yonayker de turno, me sale con un desganado “Lo siento, ya lo serví” a lo que yo respondí; “Lo siento, te toca volverlo a servir” y justo cuando iba a responderme con una de las que seguro le sale a la madre que lo parió, la otra encargada me sirvió la ColcaCola como la había pedido.

Si te digo te estoy mintiendo, jefe

Voy a una pizzería por Los Palos Grandes con mi pareja; pido para llevar una pizza margarita grande, y mientras espero pido una cerveza, y él, un agua mineral, nos indican que debemos esperar de 20 a 25 minutos; y pasa el tiempo, hicimos el pedido a eso de las 6:30pm y eran las 7:45 y nada, dan las 8:00pm, cuando me acerco al joven que me recibió el pedido y le pregunto qué sucede; y me dice “si te digo te estoy mintiendo, jefe; porque la verdad es que no sé es nada”; guardo la compostura, y la educación, y le digo al joven que me de otra Solera y otra botella de agua mineral; y la cuenta, porque no queremos hacer el pedido de la pizza; cosa que hace como con cara de “qué vaina con esta gente”. Aquí hay una falta de gerente que supervise estas fallas, si la pizza sale en 20 a 25 minutos, excederse de ese lapso es un sacrilegio.

Si le provoca aprenda a hacer la salsa usted mismo

Dicen que los asiáticos son líderes en el servicio de calidad; pero a los chinos que están en Venezuela, se le están pegando las mañas propias de la hostilidad local. Resulta que un domingo de estos en donde a uno le da por ser FATness, voy a comprar dos potes de arroz chino, con dos raciones de lumpias y tres de costillitas, y aparte de esperar aproximadamente dos horas, para que me recalentaran algo que tenían hecho seguramente desde hacía una semana, cuando voy a pedir que por favor me den otra bolsita de salsa agridulce, la respuesta del chino cajero es; “es solo una bolsa de salsa por cliente, si le provoca aprenda a hacer la salsa usted mismo”; sin ánimos de discutir, y sorprendido por esta grosería, salgo del local, obviamente maquinando en como hacerle mala publicidad y sin ánimos de volver más nunca.

Hay cientos de episodios por contar sobre el pésimo servicio que hay en un país que erróneamente se jacta de ser amable y hospitalario; en la mayoría de las oportunidades es culpa del empleador que decide meter en su nómina a cualquiera sin al menos darles un entrenamiento previo para que aprendan a tratar con clientes que dan su dinero a cambio de un bien; contratan a gente que solo va a cumplir un horario en un empleo que les desagrada (lo cual no es culpa del cliente); porque no saben hacer otra cosa, o porque no consiguen trabajo en otra cosa. Porque el mal servicio queda en evidencia cuando entras a un local y ni los buenos días te responden; cuando te atienden con flojera; porque cuando uno es maltratado como cliente, uno siempre se va a preguntar; ¿quién puso a ese empleado ahí?

Otro elemento que agiganta la mediocridad es la maldita inmovilidad laboral, que no es más que la impunidad traducida en una medida populista para que un pueblo ignorante que ahora siente que es posible ir a un sitio a cumplir horario, porque “no te pueden despedir”; y así, le ponemos la guinda en el pastel a una bola de nieve que crece y crece; y en donde va a llegar un punto en donde seremos los clientes los que tendremos que aprender a dirigirnos a los empleados para que estos se sientan “dingos y felices” en lugar de ser al contrario.

Y se acerca diciembre, veremos cochinitos decorados para que uno deje billeticos ahí dentro, te atiendan bien o te atiendan mal, y pobre de ti si no le dejas nada, que te miran como con cara de revolver.

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OSWALDO LORENZO PASCALLI Z.

Oswaldo Pascalli @WOPascalli

Las consecuencias de hacer catarsis.

Para comenzar, definamos la catarsis como la actividad en la que el individuo purifica su ser mediante la proyección de sus “bajas pasiones”  al verlas escenificadas en los personajes de una obra, (Poética de Aristóteles). En el psicoanálisis se define como la “remembranza de una emoción” lo que genera un desbloqueo de dicha emoción con consecuencias permanentes y duraderas.

Yo, veo el hecho de hacer catarsis como algo extremo, y que en mi caso me lleva a tomar decisiones trascendentales, y sin vuelta de página. Todas mis decisiones importantes y definitivas las he tomado después de un intenso análisis para ver hacia donde voy, que quiero, que necesito, y que me gustaría.

La vida siempre trae cambios, ¿quién dijo que vamos en línea recta? hay curvas. Muchas son las ganas y pequeño es el mundo que las ve materializarse, muchos son los matices del ser humano y corta es la vida para mostrarlos todos,  así como pequeña y frágil es la existencia humana, porque dejamos de existir cuando queremos unirnos a las masas y seguir patrones traicionando lo que somos. Dejamos de existir cuando no nos encontramos en el silencio y analizamos nuestros pasos, cuando dejamos de conversar con nosotros mismos,  y limitamos nuestra existencia a que otros se percaten de que estamos ahí,  y cuando nadie nos oye, nos huele, nos percibe, sencillamente no somos, no existimos.

Dejamos de existir cuando despreciamos la oportunidad de excitarnos con el riesgo, con el cambio, cuando rechazamos plantearnos cosas que antes creíamos imposibles, descabelladas. Yo, hasta octubre del año pasado estaba así, renuente a dar un paso importante solo porque yo no me veía en ese papel, negándome a algo que puede ser que haya querido desde hacía años, pero que el miedo me había bloqueado, e inventaba todas las excusas, para justificar ante mi mismo el no decidirme, porque a fin de cuentas, para los demás estaba más que claro que yo no quería tener un hijo, ¿pero estaba claro para mí? no, necesitaba darme motivos que justificaran ante mí mismo mi negativa.

Pero lo que son las cosas, en octubre de este año, y un año después de haberme replanteado las cosas, seré el papá de Octavio, y no lo niego, me da muchísimo miedo el saber que algo que voy a querer como a nada en este mundo, dependerá de mi, y solo de mi para vivir un día más, que todo lo que yo haga, lo va a afectar directamente a él. Saber que habrán instantes de arrepentimiento cuando una mala decisión mía lo afecta, aunque sea un poco, porque a fin de cuentas todos nacemos con un maestría en embarrarla. Pero así como él me deberá su existencia, yo a él también le deberé la mía.

Así están las cosas, todo es un giro de 180° (en ocasiones solo de 90°) cuando me pongo a hacer catarsis, a analizarme, a pensar que es lo que quiero, a donde voy, y que necesito, porque aunque uno se haga el duro, todos tenemos nuestro lado que solo se mueve cuando algún episodio de susceptibilidad extrema lo motiva, es parte de la química humana, mientras tanto, yo disfruto de la espera de mi muchachito, gozándome día a día el proceso, planeando, imaginándolo, cayendo en lo cursi que siempre he evitado, pero que ahora lo exhibo con felicidad, y sin dejar mi esencia atrás, solo mostrando cosas que estaban escondidas.Octavio.

El Poliamor.

POLIAMORE

Definamos el “poliamor” como una relación en donde cada integrante tiene la posibilidad de establecer relaciones paralelas con otras personas; desprendiéndose del modelo monógamo impuesto por la sociedad, y de ese sentido absurdo de pertenencia y exclusividad que muchas veces llegamos a sentir por quien esté vinculado con nosotros.

El poliamor propone honestidad absoluta en las bases de la relación, el poliamor no se trata de engañar a la pareja, ni hacerle daño, porque se supone que sí estás vinculado en una relación poliamorosa estás plenamente consciente del manejo de la sexualidad y los sentimientos del otro y se siente cómodo.

El poliamor supone ampliar la capacidad de amar a una sola persona; supone entrega, pero no absoluta, rebate totalmente el sentido de pertenencia, porque si algo es cierto, incluso en las relaciones monógamas, nadie le pertenece a nadie, y si alguien se vincula sentimentalmente con otro ser humano, es para construir algo juntos, en igualdad de circunstancias, no para pertenecerse.

Plantea el tema de los celos, la esencia del poliamor dice que ninguna relación se cuestiona por la participación de un tercero, sino por la clara capacidad para construir algo juntos, para seguir adelante, para crecer; para ver hacia el futuro, y para aprender a sentir placer con el placer de tu pareja, y ser partícipe de él.

El poliamor es la complicidad, es la seducción en grupo, la camaradería y la sensualidad que ambos, como pareja pueden explotar para enloquecer a un tercero, o a un cuarto…

Es la picardía de ver a tu pareja sentir placer con otras personas y aún así regocijarte y participar en esa búsqueda del gozo, es amar lo suficiente como para entender que tú y tu pareja pueden ser incluyentes con otras personas, y aún así volver siempre a tener sexo entre dos, y de calidad.

Es la compenetración entre A, B y C sin distingo alguno, ni discriminación, porque es poliAMOR, no poligamia en donde uno solo es el que tiene derecho a establecer más de una relación, en el poliamor, todos tienen los mismos derechos, todos buscan placer mutuo, todos gozan admirando el placer del otro, fantasean, se aman, se apoyan, y son compañeros…

En fin, es un tema polémico que nos pone a pensar en nuestra propia capacidad para dejar el egoísmo, en nuestras fantasías, en nuestras necesidades, carencias, y en la posibilidad de intentar vivir en un esquema poco tradicional buscando que funcione; solo que nos limitan nuestros preceptos morales, religiosos, sociales, etc… los cuales, vale la pena destacar, que son inculcados, porque nadie nace siendo monógamo, nadie nace con prejuicios, son heredados y aprendidos, porque el ser humano es diverso, variopinto, multifacético por naturaleza.

¿Tú qué opinas del poliamor?; ¿Probarías una relación poliamorosa?; ¿En caso de no hacerlo, qué te lo impide?

OSWALDO L. PASCALLI ZULOAGA.

Frágilmente humanos…

Una vez, alguien me dijo que “la muerte es una fuerza más grande que el hombre y su ciencia, más fuerte que cualquier Dios, o que cualquier dogma” hace días, para mi tristeza, me lo repitió, cuando fui hasta él para buscar ayuda, o mejor dicho, para buscar una respuesta.

La muerte, vista desde la óptica científica, es la culminación total de cualquier proceso homeostático por el cual atraviesa cualquier organismo celular, este concepto es universal, sin embargo, ni para la ciencia existe una respuesta clara, sobre la etapa de este proceso, en la cual se pasa de la vida (independientemente de su condición) a la muerte.

La muerte, ciertamente es un proceso extraño, incomprendido, que nos deja dudas, recuerdos, experimentamos una sensación particular, que eventualmente nos lleva a pretender resumir en recuerdos lo que fue (o creemos que fue…) la vida de una persona ya fallecida, nos lleva al llanto, porque es un vacío, todo deja de engranar. La muerte es un golpe, un golpe natural, seguro, pero igual es un golpe doloroso que por más que lo evitemos, algún día llegara, hoy, mañana, en un mes, o dentro de muchos años.

La vida humana es imprescindible, ya que sin esta no existiría nada; es erróneo pensar que la vida humana depende de otras cosas. El existir en la vida es un asombro ya que no se sabe ¿Por qué estoy aquí? ¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué yo?.

La vida siempre la he encontrado asombrosa y extraña. La vida en un “regalo no abierto”, que se juega solo con su “caja” y que no se abre nunca. Pero este “regalo” puede llegar a ser muy frágil.

La vida, específicamente la vida humana, es muy compleja y puede verse muy fuerte, pero de pronto todo puede venirse abajo, en un segundo, y todo esto, que se veía tan bonito y con gran futuro, se “cae al piso”.

A raíz de esto se podría meditar y pensar ¿por qué le ocurrió esto? ¿mala suerte? ¿destino? ¿por qué a él/ella? Estas preguntas nunca en la vida las podremos responder, ya que van más allá de la vida; en lo misterioso y lo oscuro la existencia. Es algo que nunca se sabrá, ya que o sino, la existencia dejará de ser existencia. Comenzamos a preguntarnos y a culparnos con “qué habría sucedido sí…(?)” cuando en realidad, esto no existe, es como colocar una queja que no procede, porque la vida no está contada en tiempo cíclico, sino siempre lineal, no podemos regresar a la página anterior y borrar lo escrito, y no sabemos qué sucederá en la página siguiente.

Según el existencialista, existir no es sinónimo de ser. Ya que existir es más profundo que ser; existir va relacionado con todo lo que no se puede explicar, enigmas, oscuridades, luceros, profundidades. Por el contrario, ser, es más superficial, va relacionado con el cuerpo, con el “estar”, no es para nada profundo, no se interioriza.

La vida humana es frágil, ya que puede “quebrarse” en cualquier minuto o momento. Esto, personalmente me llama mucho la atención, de como algo tan complejo y que ha intentado marcar una supremacía durante milenios, como es la vida humana, la existencia humana, puede desaparecer tan rápido y tan fácilmente del mundo terrenal.

“La vida humana es muy frágil”, es una frase para pensarla. Ya que es algo que tenemos en nuestras manos y a veces se nos puede escurrir entre medio de los dedos, e irse para siempre.

¿Por qué a mí? ¿Tengo mala suerte en la vida? ¿Quién decide por mí lo que me ocurra? ¿Dios?, ¿Buda?, ¿Alá? ¿Acaso nunca comprendí que todo lo que nace, debe morir?, son preguntas para pensarlas y uno sacará sus propias conclusiones sobre el interesante mundo de la existencia humana; preguntarnos, ¿qué hemos hecho por convicción? ¿qué hemos hecho por deber? ¿qué nos falta por hacer? ¿por qué no hemos hecho “eso” que tanto nos agobia?… Al reflexionar hoy, a reflexionar YA, no importa la edad que tengas, la juventud y la vitalidad no es garantía de nada, que en este instante estes leyendo estas líneas, no es garantía de que vas a seguir vivo por largo tiempo, muchos, lamentablemente no lograron tener un mañana, muchos despertaron felices a vivir lo que sin ellos saber, sería el último día de su vida, muchos son ahora, un recuerdo de algo que estuvo, pero que se extinguió en cuestión de segundos…

P.D: Esta canción,  siempre me traerá un recuerdo automático de alguien que me habló de sacar el Doctor Jekyll cuando más agobiado se sentía.

                                                                            OSWALDO L. PASCALLI ZULOAGA

Padres homosexuales, e hijos homosexuales… Una pregunta no tan hueca

Yo nunca tuve hijos, nunca fue una opción, no los tuve cuando tenía edad de hacerlo, menos los voy a tener ahora a mis 38 años cuando estoy tocando el timbre para entrar a los 40, porque a los 40 no se es padre, a los 40 se es abuelo.

Sin embargo, sé que muchos hombres homosexuales o bisexuales por alguna u otra razón se convierten en padres, los motivos son infinitos, y mi intención no es tocarlos uno a uno, porque sería desviarme del tema; pero, ¿alguno de ellos se ha planteado qué hacer si en determinado momento su hijo le confiesa ser homosexual?

¿Lo aceptarías de la misma forma en la que te gustaría/te habría gustado ser aceptado tú? O tal vez los mismos homosexuales tenemos tantos prejuicios que no podríamos pensar en la idea de un hijo homosexual?, tan homosexual como su padre.

Y tal vez la pregunta sea un tanto hueca, porque la lógica nos diría que si yo soy homosexual, y fui discriminado por ello, entonces si mi hijo es homosexual, lo apoyaría y lo blindaría con herramientas para moverse en un mundo lleno de prejuicios y taras sociales, PERO el comportamiento humano, en la mayoría de las oportunidades dista mucho de lo que sería una actitud dentro de los parámetros de lo lógico o lo sano.

De ahí nace mi interrogante, porque ya conocemos por experiencia ajena o por padecimiento propio, como podría ser la reacción del papá machista “aparentemente heterosexual”, pero ¿y la del papá homosexual? ¿Cómo sería?… ¿Nosotros mismos seremos tan prejuiciosos como para asimilar la situación desde lo racional?… ¿Reaccionaríamos de una forma ejemplar desde un pensamiento coherente? Insisto, tal vez la pregunta sea algo hueca, pero puede que lo que pensamos lógico o conveniente, no lo sea tanto.

Si quieren responder la pregunta, pueden utilizar los comentarios, sería interesante leer sus opiniones y condensarla en algún post futuro

 

                OSWALDO L. PASCALLI ZULOAGA.

Y después del 7 de Octubre. Reflexión.

Estoy tratando de interpretar mis propios sentimientos de estas últimas horas, buscando reflexionar con cabeza fría, cosa que por lo visto, ha sido bastante difícil para algunos, indagando sobre los motivos de esta derrota, y más importante aún, tratando de no caer en el jueguito de gritar fraude sin pruebas contundentes y basado en una lógica absurda de un ejercicio matemático con el que cualquier alumno de 7mo grado iría a reparación, he llegado a muchas conclusiones, pero más allá de eso, he trazo una meta, algo bastante personal que me gustaría compartirlo.

RECONCILIACIÓN; mi meta es reconciliarme, porque si queremos ser más, debemos atraer gente, llamarla a nuestro lado, pero eso solo se logra de una sola manera, dejando de un lado los insultos repetidos, dándonos cuenta de que para poder crecer como oposición como lo hemos venido haciendo, debemos ganar adeptos, no atacar al otro bando, el cual se fortalece más con cada insulto.

Lamentablemente, los chavistas han encontrado en su líder una figura que vino a reivindicarlos, a sacarlos de la pobreza, a darles lo que “la cuarta” no les dio, aunque lo más cercano que tendrán a eso es una cola bajo el sol para comprar un pollo en un PDVAL, ellos lo ven y lo perciben así, ven al Chávez héroe, el salvador que viene a derribar al imperio tirano y consumista que se ha aprovechado de ellos, que los ha pisoteado por ser humildes; así esos mismos chavistas repudien al resto del gabinete de Hugo, por incompetentes, inútiles y ladrones, pero Chávez es la figura central, el intocable, el hombre de hierro. Son un sector a el cual no le importa no tener luz, agua, tener que velar a un familiar, no conseguir empleo o que las vías en los hospitales las peguen con tirro (las he visto) por falta de insumos, ellos tienen grabado que lo único que importa es la revolución.

Por eso, como he leído muchas veces desde antes del domingo, cuando nos enfrentamos al chavismo, no nos estamos enfrentando a una simple forma de pensar o a una ideología política basada en… Nos estamos enfrentando a un fuerte lazo sentimental, a una devoción casi religiosa, nos estamos enfrentando a gente llena de esperanzas por promesas que posiblemente nunca se cumplirán, y que se reciclan campaña tras campaña; gente que no se ha dado cuenta que su calidad de vida desmejora con el paso del tiempo y que las promesas se van resquebrajando a medida que el mandato continúa.

Y es a ese colectivo a quien debemos captar, la forma, debemos replanteárnosla nosotros como opositores, tomar el mensaje de nuestro líder Henrique Capriles, y traducirlo al día a día, el mensaje de la reconciliación, saber que los chavistas ven el país desde un cristal diferente, y asimilar que ellos tienen una idea de patria muy distinta, y que si queremos sumar gente, debemos acercarnos a ellos bajando la guardia.

Y yo lo admito, hasta no hace mucho decía que los chavistas eran unos ignorantes, malvivientes, marginales, violentos, entre otras cosas, pero cuando me ponía a pensar con cabeza fría, me daba cuenta de que algunos chavistas de los que conozco, no lo son, me daba cuenta de que me dejaba llevar por prejuicios absurdos, de que cada vez que yo insultaba a un chavista y lo tildaba de violento, quien estaba ejerciendo violencia verbal, era yo, y lo que hacía, era afianzar su posición política, su rabia y restaba un posible adepto que nos podría dar un voto.

Muchos dicen que hay que erradicar el pensamiento chavista, si queremos a Chavez fuera de la presidencia, estoy de acuerdo, hay que erradicarlo, pero para eso, debemos entenderlo, saber los motivos por los cuales ellos apoyan a su líder, desmontarlos y analizarlos, solo así podremos abrirle los ojos y decidan un cambio, no es llamándolos marginales o violentos como lo lograremos, con eso solo conseguiremos que ellos suban la guardia, y no exista dialogo, además, estaríamos botando a la basura el trabajo que durante tres meses hizo Henrique Capriles.

Yo, a pesar de la decepción, estoy con una sonrisa, y sonrío, porque hoy más que nunca sé que no me equivoqué votando por Henrique, porque voté por el progreso, porque voté por un verdadero caballero que no me ha hecho dudar ni un minuto de su inmenso amor por Venezuela, se que voté por un hombre que dejó la piel y el alma en una campaña magnífica, que aunque perdió, asumió los resultados de una forma serena, quedando moralmente muy por encima de su contrincante, y mejor aún, quedando como un verdadero hombre delante de quienes lo apoyamos. Sé que tengo un líder, que me lleno es esperanzas, de ilusiones, cosa que los venezolanos no teníamos desde hace mucho, que me enseñó un camino, que todavía existe, no ha mermado, que hoy más que nunca debemos trabajar para seguir construyéndolo, y para que se sumen más y nos ayuden a transitarlo, juntos.

Tampoco he perdido las ganas de ir a votar en las elecciones de Alcaldes y Gobernadores, por lo cual invito a todos a hacerlo, a no caer en las trampas de osos que han puesto algunos para hacernos ver como unos radicales que no creemos en el proceso electoral, si hoy somos  6.468.450 entonces podemos ser más y más con el paso del tiempo y el trabajo duro.

Hay un Camino, lo hubo en la campaña, y sigue estando después del resultad final, tal vez no el que nos habría gustado, pero lo hay, está en nosotros si lo abandonamos producto de la decepción, o seguimos construyéndolo, asfaltándolo y haciéndolo transitable  junto con mucha más gente que se nos sume.

       OSWALDO L. PASCALLI ZULOAGA

De los chistes homofobicos y su trascendencia en la televisión nacional.

“Es que el venezolano es así por naturaleza…” Es la frase que escuchamos seguida de algún chiste homofóbico o xenofóbico de esos que utilizan la misma formulita de toda la vida para crear humor fácil. El problema en este caso, no es Chávez, no es Capriles, ni lo fue Caldera, ni Carlos Andrés, el problema real, es la cultura.

El asunto, es que nos encanta hacer que la miseria humana, deje de serlo, para convertirse en entretenimiento, pasa desde los talks shows en donde la gente va a exhibir sus problemas y a arrastrarse mientras el conductor (qué de experto casi nunca tiene nada) toca teclas específicas para hacer sus show más llamativos, tenemos las telenovelas con las mismas historias de hace 50 años plagadas de clasismo que solo existe en el submundo de los escritores, pasando por los programas de concurso en donde los participantes van a hacer el ridículo gracias a su carente cultura general, y llegamos a algo que desde chamo me ha tenido pensativo, los programas de humor.

Desde la época del hoy tristemente célebre Joselo con su gaita de las locas, la Radio Rochela, y demás programas pestilentes de humor, la fórmula del homosexual estereotipado ha sido la carne de cañón para crear lo que ellos llaman “sano entretenimiento”;  la “loquita peluquera” ha sido el objeto de chistes durante décadas y décadas, hasta llegar a un punto en que muchos homosexuales se ríen jurando que ese chiste es un tiro al suelo. ¿Hasta cuándo viviremos con el tercermundo en el cerebro?

Y es que lamentablemente, siempre habrá alguien que quiera ser el “mariquito bufón” el que da risa porque es ácido, escandaloso o porque simplemente va a programas de televisión a hablar de chismes de farándula o de moda porque es “divino” o tiene el síndrome de la “marica mala” pero no por un merito real, y cada vez que lo aplauden lo que hacen es afianzar el estereotipo gay, “porque los gays somos así, como él”. ¡Qué deprimente!

Y no me vengan a decir, como alguien lo hizo una vez, que cuando muestran ese tipo de telebasura están incluyendo a los homosexuales y dándole cabida en la pantalla, porque es totalmente falso ya que solo se ve el chiste, la burla, el momento incomodo, lamentablemente aquí en Venezuela falta mucho para que se vea una producción tipo Queer as Folk mostrando la homosexualidad desde lo real y no desde lo caricaturizado, falta mucho para que un canal nacional tenga en nómina a un Guido Westerwelle que es feliz siendo homosexual (y muy masculino) y se hace notar por otros talentos (reales) y no por saber cuántas cachetadas dio la protagonista de la novela de la tarde o por hacer un comentario ácido de marica mala en un programita en la mañana… Y vaya! En Venezuela hay bastantes hombres y mujeres homosexuales como Guido, o como cierta transgenero que conozco y crea matriz de opinión en las redes sociales, desde el anonimato, claro está; que finalmente son gente brillante que no necesitan armar el circo en torno a ellos para destacar y aportar algo, por pequeño que sea, son gente que deberían convertirse en un patrón a seguir por muchos, pero como no son como el personaje patético creado por los ique humoristas en Venezuela, entonces “no vende”.

Y mi molestia no es porque alguien sea afeminado y decida incursionar en la televisión más bien aplaudo que se muestren como son, pero mi crítica es porque en determinado momento siguen lineamientos para agradar y “dar risa”; mi crítica es para los escritores que justifican su quincena escribiendo con la misma fórmula de hace 50 años, y mi crítica es para ese espectador, que se ríe y no aprende a ser crítico mordaz de lo que ve, y de lo que le venden, mi crítica es para ese compañero de trabajo que en la hora del almuerzo hace un chiste de locas y se muere de la risa sin saber, que probablemente quien está a su lado, es homosexual, y es tan hombre como él, muy alejado del estereotipo que él afianzó con su chiste…

¿Si no somos espectadores críticos como pretendemos algún día consumir un producto de calidad?

                                                                            Oswaldo Pascalli Zuloaga

Un recuerdo que me regala una sonrisa.

Yo no soy un hombre de relaciones estables, y no porque me la de de rudo, o cualquier otra cosa, sino que las circunstancias han impedido en repetidas oportunidades que yo las pueda consolidar, la última vez, fue hace como 4 años, en donde me topé con un celópata que pensaba que cada vez que yo salía de emergencia a la clínica, o pasaba horas en un quirófano que me impedía contestar el teléfono, era que estaba con otro en un motel, sauna o en donde fuese.

Pero hace 18 años, por allá en el 94 yo tenía 20 años, estudiaba medicina en la UCV era un pavito que se iba todos los fines de semana a rustiquear con sus panas, bebía como vikingo (ya ni bebo), y no había carajo que no me diera culo cuando yo se lo pidiera, eso sí, la condición era que no se pusieran necios, porque los despachaba rápido. Un día, caminando por el Hospital Universitario, veo a un rubio muy bello con los ojos verdes rayados como tigre, atlético, y para colmo, cuando le paso por un lado, huele exquisito, luego me entero de que no está ahí porque sea estudiante de medicina o enfermería, sino que está haciendo labor social, estudiaba primer semestre de Arquitectura, tenía 17 años, y era un chamo muy especial…

Yo lo comienzo a tratar, él me comienza a gustar, era virgen (él), extremadamente noble, y eso me pareció poco usual, yo fui su primer polvo, con toda la paciencia del mundo, eso sí, pero el primero a quien él le tuvo la confianza suficiente como para dejarse penetrar, el primero que estuvo dentro de él, entre una larga lista de zamuros que estaban siempre al asecho, repetimos varias veces, él cumplió los 18 años en noviembre, y un 31 de diciembre, en la tarde, nos vemos en el Parque Aruful de La Floresta a varias cuadras de donde él vivía, le digo que me voy a dejar de tonterías, que mi hermana se había ido a vivir a Madrid y me había dejado su apartamento, que nos fuésemos a vivir juntos, saliera sapo o saliera rana, que lo intentáramos, para esa época mi abuelo tenía una fábrica de telas (que aún funciona) y yo percibía dividendos, lo suficiente para que viviéramos cómodos mientras yo estudiaba medicina, y él arquitectura, él también trabajada en una empresa de diseño gráfico a medio tiempo, todas las condiciones estaban dadas, para iniciar algo, pero no fue sino hasta la segunda semana del 95 que nos fuimos a vivir juntos, era un apartamento pequeño, de una sola habitación, pero no necesitábamos más, la cama era cómoda, y cuando no estábamos en la universidad, estábamos enrollados, desnudos, haciendo el amor, o lamiéndonos él uno al otro en la ducha, contándonos las pecas de la espalda, o en casa de mi mamá, a quien él se había ganado como amiga, aunque siempre pasamos como compañeros de apartamento, mi mamá supo lo que éramos sin necesidad de aclarar nada. Sus padres también sabían de su preferencia.

Pero no todo fue tan chévere, yo me comporté mal, lo jodía con mis acciones inmaduras, mientras él me amaba mucho, me pegaba a cualquier cosa con agujeros que me pasara por un lado, lo trataba muy mal, a él no le dolía precisamente la infidelidad, a él le dolían los desplantes, a él le dolía que cuando me hacía un reclamo, yo le decía “acostúmbrate” de una forma grosera, a él le dolía que él día de su cumpleaños, yo no lo felicitara al despertarnos, yo lo admito, fui un sucio, pero era todo una montaña rusa, hoy estaba haciéndole el amor viéndolo a los ojos mientras le decía lo mucho que lo amaba, y mañana estaba despreciando su comida porque prefería meterme un perro caliente por ahí.

La inmadurez, no me dejó manejar esas situaciones como un adulto, o tal vez él me quedó grande, lo cierto es que no hice las cosas bien, y tres años después (hace 15 años) él estalló, y me dijo que todo esto se terminaba, que mis malos tratos lo habían cansado, y no era para menos, en vacaciones de agosto, me perdí una semana, me emperré con un carajo y nos fuimos a Morrocoy, y nisiquiera le dije nada, simplemente, salí en la mañana y no regresé sino hasta una semana después, esa fue la cochinada que me faltaba. Yo intenté restaurar la relación, de que regresara a la casa, pero fue inútil, él estaba dolido, tenía razón, yo me culpé, lloré mucho, me sentía impotente, desgraciado, porque tuve la oportunidad de hacer feliz a quien me hacía feliz a mi, y lo que hice fue joderlo, yo lo amaba, lo amaba muchísimo, y yo se que es incongruente decir que lo amaba, cuando lo jodí tanto.

Me costó mucho superar el dolor, me costó terapia psicológica para dejar el sentimiento de culpa y de rabia que yo mismo sentía hacía mí, pero lo superé, poco a poco, me gradué, me fui a Atlanta a hacer mi especialización, regresé, cuando lo hice, me enteré de que él se había ido a vivir a Europa, en 15 años nos hemos visto cuatro veces, la última vez, hace un año y medio, él se casó con un Español, y viven en Dulserdof o como se escriba, adoptó a unas gemelitas francesas, son unas niñas Asperger, estoy seguro de que es el mejor papá del mundo, siempre me lo dijo, que quería tener un batallón de niños, y que quería que uno de ellos, se llamara como yo, las pocas veces que nos hemos visto, lo encuentro más bello que antes y hemos terminado con una sonrisa recordando un momento bonito de nuestras vidas, de nuestra juventud, él siempre me dice que me recuerda con especial cariño, y yo a él también.

De él aprendí que las relaciones se basan en cosas que van más allá de lo que impone la sociedad, que de la frase “Y vivieron felices por siempre” lo único que importa es el “vivieron felices” aprendí que si me voy a fijar en alguien más allá de un revolcón, debo fijarme en su calidad humana, que los ángeles en la tierra, como él, no se consiguen en cualquier esquina, que valen oro, y que vale la pena arriesgarse, así nos estrellemos, pero la felicidad es cuestión de lanzarse, sí consigues una pradera, cuéntalo, y sí consigues un barranco lleno de peñones, pues aprende a los coñazos.

Sinceramente, veo difícil toparme en la vida con ángel como él, su nobleza era algo especial, su bondad, su corazón, su forma de amar, aunque como repito, fui una rata, y me comí una lata de caviar, como si fuese un vulgar pote de rompe colchón.

 

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